Después de la destrucción del hospital clandestino en Al Qusair, nos apresuramos a crear varios hospitales clandestinos en casas de la ciudad, cada uno con una sala de operaciones, sala de tratamiento, sala de auxilio, y un cuarto separado para que los pacientes se recuesten; tenemos cuatro de estas casas en diferentes partes de la ciudad actualmente, y se envían equipos médicos dependiento de las necesidades de cada caso.
El asedio paralizante significa que está estrictamente prohibido [por el régimen] traer comida o medicinas, incluyendo oxígeno; a la cabeza de la catástrofe humanitaria estamos enfrentando problemas severos a causa de la escasez de oxígeno y estamos teniendo que utilizar otros métodos de anestesia, que es muy problemático porque las operaciones requieren generadores de oxígeno y hay muy poca anestesia con aparato portátil.
Ahora, cuando los pacientes requieren de anestesia tenemos que preguntar a los civiles que la proporciones de manera manual.
Ha habido un incremento en el número de muertes por la falta de suministros médicos básicos, especialmente los antibióticos de última generación y equipo de transfusión, con una gran escasez de sangre para las transfusiones, la cual siempre es necesaria por los brutales y constantes ataques por las fuerzas del régimen y Hezboláh.
Desafortunadamente no podemos obtener suministros médicos porque el régimen considera que esta es la más grave forma de asistencia, y desea la muerte y le desea la muerte a todos sus oponentes, e incluso a los que no lo son, incluyendo civiles; sus misiles y aviones de combate no pueden distinguir entre seguidores y oponentes, o entre musulmanes y cristianos, joven o anciano. Nuestros equipos médicos no discriminan; proveemos atención para todos, independientemente de la religión, secta o partido político; hemos atendido tropas del régimen e incluso a operativos de Hezboláh heridos en combate.
Lidiar con tales atrocidades diariamente es extremadamente difícil y muy doloroso, pero los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen me han hecho más decidido para trabajar para su caída enfocándome en las necesidades de las personas y ayudándolas a sobrevivir y a vivir.
No hay mucho sentido en envíar algún mensaje a las Naciones Unidas y la comunidad internacional, quienes han fallado para frenar los bárbaros ataques de Hezboláh y el régimen de Assad; he perdido la confianza en estas organizaciones. Anteriormente pensaba que sólo Israel estaba sobre la ley, pero he descubierto que Bashar Al Assad y su régimen, Irán y Hezboláh están sobre la ley internacional y el mundo hará nada para detenerlos.
La ley de la selva, no los principios humanitarios, prevalecen aquí, y las organizaciones humanitarias mundiales le han fallado a Siria.'